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Conoce la historia del “rimel”

¿Alguna vez habías imaginado cómo se maquillaban las pestañas las mujeres en la antigüedad?

Déjame decirte que ya desde antes de los tiempos de Cleopatra, 4000 años antes de Cristo, las mujeres de Egipto usaban una pasta a base de kohl, miel, agua y ¡estiércol de cocodrilo!

Incluso los hombres y los niños usaban  esa mezcla en los ojos para protegerse de los intensos rayos del sol.
Otra fórmula frecuente era de malaquita molida, un  mineral verde, que se aplicaba la población, incluso los niños, para protegerse de la mosca de río, que podía causarles ceguera. 
Sin emabrgo, el kohl fue el producto por excelencia entre los egipcios, una sustancia que contenía talco, plomo y malaquita, que disolvían en grasa animal, que en Europa sustituyeron por cera de abejas y resinas.

Los egipcios heredaron esta práctica a los imperios griego y romano, quienes cedieron esta práctica sólo a las mujeres. Las romanas se empeñaron en lucir ojos grandes y pestañas un tanto dramáticas, pues creían que mientras más largas y abundantes, mejor, ya que eran símbolo de pureza y castidad.
Para ello, humedecían cotonetes de marfil o madera en agua o aceite y luego los pasaban por hollín y antimonio (un derivado del plomo) y lo extendían en sus pestañas .

Fue hasta principios de 1800 cuando las mujeres recurrieron al maquillaje en cejas y pestañas con fórmulas caseras, como ceniza negra mezclada con jugo de sauco.

Entonces apareció en escena un perfumero que revolucionó la industria de la máscara para pestañas.

 Eugène Rimmel era hijo de un empresario francés que se había mudado a Londres para administrar una perfumería en el centro de París.

Eugène adquirió experiencia en el negocio de cosmética y muy pronto, a los 24 años, inauguró su propia perfumería, en 1834, llamada House of Rimmel.

Los Rimmel fueron pioneros en la industria de la belleza y el cuidado de la salud, y consolidaron la producción de su línea de cosméticos, fragancias, cremas, enjuague bucal y otros productos, pero el que les dio fama internacional fue la primera máscara para pestañas no tóxica, formulada a base de polvo de carbón y vaselina, conocida hasta hoy como “rimel”, como así se conoce en varios países.

 

Cuentan que Eugène creó su famosa mezcla especialmente para su esposa, pero posteriormente vendió el producto en su perfumería y en catálogos que distribuía en salas de cine.

Sin embargo, Eugène Rimmel no fue el único en diseñar un maquillaje para pestañas. En 1913, el químico T. L. Williams creó una fórmula para su hermana Mabel, usando los mismos ingredientes que Rimmel: vaselina de petróleo y polvo de carbón.

Mabel, la chica detrás de Maybelline

Esta máscara para pestañas se aplicaba humedeciendo un pincel y frotándolo en la pastilla. El cosmético de la marca Maybelline (Mabel y Williams) se vendió con mucho éxito, incluso a través del correo.

Hacia 1957, la marca Max Factor renovó el pincel y la pastilla, innovando con una presentación de la máscara para pestañas en tubo con un aplicador de varita mágica incluido dentro del tubo.

Desde entonces, los diferentes fabricantes han agregado nuevos ingredientes a la máscara, como aceites naturales de almendra, ricino, coco, hueso de mamey o de aguacate, e incluso han añadido vitaminas, otros nutrientes y sustancias protectoras. Además, han revolucionado los aplicadores para dar más volumen, separar las pestañas y dar un efecto más dramático.

¿Tú qué piensas? ¿qué le hace falta a tu máscara de pestañas?

 

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